
Hoy fue un día más del calendario que pasa sin detenerse, pero me siento aqui delante de una nueva entrada porque siento que mi alma clama escribir, decir que hoy me siento sola, estoy rodeada de personas que me quieren, que me apoyan en todo lo que hago aunque me equivoque y aún así me siento sola, vacía, necesito un corazón que comience a latir por mí, algo que haga que mi sangre llegue a mis mejillas y arranque un pinceladas de rubores cuando le mire, quiero volver a los 15 años y sentirme una colegiala con uniforme que va suspirando por las esquinas tras el chico con el que sueña.
Quiero creer en el amor, ese sentimiento que usamos tan a la ligera y que todos soñamos tener a pesar del daño que luego nos acarreará. Sentirme amada por un momento y dejar de pensar que me he equivocado, que estoy dándome cuenta de las verdades ocultas, que callamos lo que no somos capaces de decirnos mientras nos miramos a lo ojos. Amigos, amigos que no son amigos, que nunca lo serán, pero amigos, palabras que llenan los vacios de miradas, silencios que comparten la ausencia de besos, sonrisas forzadas que enmascaran conversaciones prohibidas y una caja donde esconder los sentimientos, una caja con un gran candado que se convierte en la pandora de mi existencia, que atormenta con estallar en una tormenta de relampagos de reproches, al fin y al cabo... somos amigos, ¿no?
Amigos donde los sentimientos traspasan la línea del cariño, entonces te das cuenta que... no podemos ser amigos, no cuando yo te amo, no cuando yo no te veo con los ojos de una amiga, sino con los de una enamorada, pero... no quiero perderte, no puedo permitirme estar lejos, a pesar de ello... necesito salir corriendo de aquí, huir a un lugar donde el rasto de su esencia no atormente a mi futuro, un paraiso de neblina donde tú no existas, donde pueda fingir que soy feliz, pero... ¿cómo irme si no quiero perderte a pesar de que ansío olvidarte?
Al final el caos vuelve a reinar en mi vida y los chicos... os volveis más incomprensibles.
Ana